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Por el Camino del Norte en bici de carretera en modo bikepacking - etapa 2 - Comillas a Bilbao
Atravesando Cantabria y entrando en el País Vasco por el Camino del Norte

👉 Si buscas consejos más detallados sobre cómo planificar tu Camino, puedes leer mi guía para principiantes en bici.
👉 Mi primera etapa por el Camino del Norte en modo bikepacking.
Etapa 2 del Camino del Norte en bici: Comillas → Bilbao
La noche fue calurosa y mi californiano compañero de litera tuvo tanto calor que decidió irse a dormir al sofá de la zona común en mitad de la noche despertándome sin querer. El resto de la noche fue más bien dormitar que dormir, pero uno ya sabe que no se viene al Camino a dormir. Se hace lo que se puede…
Pese a la mala noticia del día anterior decido continuar. Hay margen todavía de acción y se trata de una actividad corta (en días). El plan, de hecho es que me recojan el sábado con lo que ya se podría reaccionar rápidamente sin variar mucho los planes.
Por la mañana el desayuno está bien, sobre todo es bastante abundante:
- Un tazón de café
- Un paquete de galletas María
- Una magdalena
- Un bollo de pan
- Mantequilla y mermelada para untar en el pan
¿Que yo prefiero la avena? Pues sí. ¿Que estoy en un albergue y me parece más que correcto y me vale? Pues también. Por 27€ (+4 para la lavadora) no puedo pedir más. Bajo con el chico que atiende el albergue a recoger la bici y me pregunta un poco por la etapa del día. Me dice que debo ser el tercero o el cuarto que hace el Camino en sentido inverso desde que abrieron (y que se hospeda allí, se entiende) y me pregunta hasta dónde voy, respondiendo con un resoplido cuando le digo que hasta Bilbao. Todo apunta a que la etapa será épica, aunque aún no sepa los detalles. ¿Kilómetros? Para dar y tomar. ¿Calor? Para aburrir. ¿Cruces en barco? Un par de ellos. ¿Ciudades? 2 bastante grandes. Pero de momento sólo pienso en mi siguiente meta: Santillana del Mar. Está aún fresco.
Salgo del pueblo y me equivoco de camino bajando hasta cerca de la playa. Enseguida me oriento y tomo el camino bueno, tras consultar el track bajo la atenta mirada de un par de madrugadores gatos que parecen los únicos levantados este viernes en el pueblo. Fallo de principiante: la tarde de un día sirve para explorar el inicio del día siguiente. De primero de bicigrino.
El amanecer es bonito y el paisaje marino y verde tan característico del Camino del Norte. Un momento mágico. Pedaleo intentando guardar pierna en estos primeros compases y en una bajada alcanzo la que ya sospecho será la máxima del día y a la postre del viaje: 58km/h. Nada como un poco de adrenalina para despejarse e ir espabilando. Un ultraligero me va sobrevolando todo el tiempo. Debe tener unas vistas increíbles.
Tras una bajada por otra sucesión de arces blancos como la que me dio entrada en Comillas (y que me recuerda al Canal du Midi en Francia) llego a Santillana del Mar. Parece la Roubaix con un empedrado muy agresivo por el que circulo con un poco de cuidado para no tener problemas. Enseguida llego a un cruce y evito entrar en el pueblo para seguir avanzando. Ya he estado aquí, aunque hace muchos años, pero mi visita tiene que ser tangencial si quiero llegar de día a mi destino. Aquí no sigo el track de la web de Con Alforjas que traigo para intentar recortar un poco los kilómetros. Y aunque paso por sitios con más tráfico creo que el atajo es un éxito.
Sigo hasta Barreda, zona industrial muy próxima a Torrelavega y aunque se rueda bien por ser bastante llano y buena carretera, aquí el tráfico agobia un poco y el paisaje es lo contrario a lo que busca uno en un viaje de este tipo. Abandono la zona industrial por un fuerte repecho mientras un camionero espera pacientemente a que despeje su desvío. Tengo que decir que en Cantabria encontré mucha empatía al volante por parte de los conductores. En Oruña cruzo por el puente nuevo en lugar de por el viejo que es el que sigue realmente el Camino para recortar un poco. No regalo ni un metro. En esta zona me encuentro bastantes ciclistas.
Sobre el mapa veo que aquí el track se mete entre las urbanizaciones de las afueras de Santander, pero veo que la N-611 va más directa. Me la juego para seguir recortando un poco (como siempre a costa de padecer más tráfico). En las primeras casas de lo que parece ser las afueras de Santander veo que todo el mundo va al bus para bajar a la playa. El calor empieza a apretar. Me vendría bien encontrar agua, pero si no es así, tendré que parar en Somo en algún bar o supermercado tras cruzar la bahía.
Paso por el cartel de Santander atravesando un polígono industrial próximo a la iglesia de Nuestra Señora de Loreto. La pendiente es favorable pero al ser zona urbana el tráfico me ralentiza. La seguridad es lo primero. Al pasar por el Parque de La Remonta veo una fuente (y el cielo abierto) y me salgo de la calzada para repostar. ¿Tendrá agua? ¡Bingo! Bebo, relleno el bote y me echo un poco por encima. Retomo la marcha en descenso y hacia donde intuyo que estará la costa, con abundante tráfico y semáforos que apenas pasan tiempo abiertos llegando finalmente a la orilla del mar bajo el Centro Botín, donde ya intuyo el lugar de atraque de los barcos que cruzan la bahía.
Cruce de la bahía de Santander y recorrido hasta Santoña
Una de las cosas más originales del Camino del Norte son los cruces en barco de las rías. En principio hay 3:
- Pasaia
- Laredo-Santoña
- Bahía de Santander
Ventajas: suponen un descanso para las piernas, kilómetros gratis (en sentido muscular) y casi siempre ahorran un rodeo con tráfico. Inconvenientes: si vas con una agenda apretada pueden retrasarte un poco tanto por la espera entre frecuencias como por la velocidad, que es inferior a la de la bici (unos 15km/h para los más curiosos, podéis verlo en el track de arriba).
Desde Santander habría dos opciones:
- Cruzar hacia la playa de El Puntal y atravesarla a pie, más bonito pero más lento, mejor para etapas cortas y viajes reposados, en la época adecuada puede ser una buena manera de refrescarse. Ten en cuenta que no hay un paseo que puedas seguir así que tendrías que caminar el largo trecho empujando la bici hasta Somo después.
- Cruzar hacia Somo directamente, ahorrando más recorrido. Es un poco más caro pero en mi opinión es la mejor opción para ganar tiempo en una etapa larga como la que yo tenía planteada. En la llega también sería viable darse un baño para el que lo desee.
En mi caso, a media mañana, me fue posible adquirir el billete sobre la marcha y montarme en el siguiente barco tras un rato de espera, pero me imagino que, por ejemplo, un 15 de agosto con buen tiempo no será tan sencillo. El precio en 2026 fue de 4€ por persona (sólo ida) y un plus por la bicicleta. El barco sigue un canal supongo que dragado y señalizado que para primero en la exclusiva (pija) localidad de Pedreña, donde sin salir del barco se puede apreciar el alto perfil económico de la zona. Yo opto por mantenerme en la parte posterior del barco, abajo, a la sombra, al lado de la bicicleta y, sobre todo, a la sombra, ya que bastante sol me va a dar hoy.
Otra breve travesía nos deja en Somo, donde enseguida como algo, me oriento y subo (cómo no) por una empinada cuesta entre urbanizaciones. Afortunadamente es una cuesta bastante corta para alcanzar la rasa costera que aquí no es muy alta. Un clásico del Camino del Norte, vamos. Poco después me equivoco en el cruce de la iglesia de Nuestra Señora de Latas y bajo hacia la playa, teniendo que subir otra vez al mismo cruce y tomando esta vez la dirección adecuada. No ha sido un gran despiste, pero me da un poco de rabia el despiste. Si supiera lo que me esperaba…
El siguiente tramo es Camino del Norte total: una suave y verde rasa costera con un imponente acantilado, una bonita playa debajo (Langre) y el azul del Cantábrico. En este tramo el viento me sopla por primera vez a favor y con bastante intensidad. Tanta que sin casi dar pedales tengo que pararme porque me estorba un vehículo que llevo delante pese a picar un poco para arriba, pero no tengo manera sencilla de adelantarlo (la carretera es estrecha). Entro en Galizano y mis aracnosentidos detectan una fuente en la que paro para beber, mojarme y rellenar el bote. En general el Camino está bien surtido de fuentes al ser poblaciones bastante grandes y turísticas. Basta con fijarse en los parques y canchas deportivas.
Me desvío en un cruce y la carretera vuelve a trepar hasta Güemes, en este tramo me cruzo con algunos peregrinos y bicigrinos. En una larga recta me encuentro un erizo cruzando y me paro a apartarlo de la carretera para evitar que lo atropellen, algo que les sucede con mucha frecuencia por su lentitud. Envío un vídeo simpático a casa. Sigo hacia Bareyo en subida otra vez cruzándome otra vez con peregrinos. En este tramo el sol se tapa un poco y la tempera es más soportable.
Una bajada me lleva a la CA-141 que avanza hacia Santoña. Este tramo es muy llevadero, en ligero descenso, con algo de viento a favor y avanzo unos kilómetros bastante rápido. Aquí me pasa la típica secuencia que cualquier ciclista ha vivido muchas veces (me invento las cifras):
- Señal Santoña 15km
- Avanzo 1km
- Señal Santoña 16km
- Avanzo 1km
- Señal Santoña 11km
Me salto la desviación para Berria del track (el tema hacer un paseo marítimo más y con el de Laredo por delante a estas alturas ya no me aporta) y llego rápidamente a Santoña, donde nunca había estado. Bajo de manera bastante directa al paseo marítimo y enseguida localizo el embarque. El pueblo está llenito, con la gente bañándose bajo el paseo (no hay arena, al menos con la marea en el punto que me la encontré) y varios kayak navegando por las marismas. Son las fiestas patronales y a pocos metros están montadas las atracciones. El sol cae con fuerza y no hay una sombra donde esconderse, así que mientras espero me echo un poco de protector.
Cruce de las Marismas de Santoña y recorrido hasta Castro Urdiales
El cruce de Santoña a Laredo es más corto que el de Santander a Somo. El precio en 2026 es de 4€ (1 persona + 1 bici). En mi caso la lancha tardó un rato en llegar y aunque no éramos muchos, también el embarque fue tranquilo. El cruce, ya digo que se hace rápido y lo que hace es encallar la proa en la arena de la playa y bajar una rampa con barandilla. Lo más sencillo para mi fue bajar sujeto con una mano a la barandilla y la bici con la bolsa de bikepacking en la otra en el aire, sujeta por el tubo horizontal. ¡Es quizás el único momento de todo el recorrido en el que me alegro de no llevar una eléctrica!
Camino por la arena entre las miradas un poco extrañadas de los bañistas hasta llegar a un embarcadero y es que no está el día para pedalear, pide refrescarse en el agua. Además con la bolsa de bikepacking alejándome de Santiago. Enseguida salgo al paseo marítimo por donde la prudencia exige circular más despacio que como iría por carretera, pero disfrutando de las vistas de la playa que es espectacular. Al lado derecho la abominación urbanísica del Benidorm del norte. Mejor no mires…
Entro en la parte más histórica y una vez más toca pequeña subida a la rasa costera. Como algo porque noto que me falta energía. Las vistas son bastante chulas antes de llegar a una rotonda que permite incorporarse a la Autovía del Cantábrico. Sigo en subida y al poco de coronar una bajada muy rápida me lleva a Liendo. Al final del pueblo, al pie de la siguiente subida a la rasa costera me paro a la sombra y como un dátil, me siento y bebo agua. Unos minutos después retomo la marcha y voy subiendo por una carretera serpenteante carretera hasta ninguna parte, donde comienza una revirada bajada hasta cruzar el río Agüera. En esta zona veo varios peregrinos en los restaurantes.
Mi recorrido continua en ligera subida paralelo a la playa de Oriñón y enseguida llego a Islares. Al final del pueblo veo una plaza con fuente y me paro a seguir el ritual. Comienzo bebiendo el agua del bote y al pulsar los botones de los caños resulta que ninguno tiene agua. Aquí tengo que sincerarme conmigo mismo: estoy teniendo una crisis energética, así que con la rabia por el problema del agua me dirijo al bar más cercano con tan buena suerte que resulta ser probablemente el mejor sitio para comer tortilla de patata de todo el Cantábrico. Entro, pido un Aquarius, un pincho de tortilla básica (las tienen con pimiento, con huevo frito, con jamón, con bonito…). También me llenan el bote. Como con calma, aviso con el móvil a casa que estoy comiendo algo, por si me ven parado en la localización que no se asusten.
Salgo de nuevo y llamo a casa para avisar que voy a llegar tarde al alojamiento de Bilbao, que voy un poco justo de fuerzas. También aviso al alojamiento que llegaré más tarde de lo previsto (aunque al ser un hostel no tenían recepción abierta a esa hora ya). Subo unos minutos y llego a Cerdigo, donde el track sube un buen repecho con su posterior bajada a Allendelagua. Este tramo de costa es muy acantilado y no tiene playas, similar a la costa oriental de Llanes. En Allendelagua veo un cartel que dice Castro Urdiales 3 por la N-634 (que se ve además en descenso) mientras que el track se vuelve a meter hacia el interior en subida. Sigo mi instinto y acierto, llegando a Castro Urdiales enseguida. Cuando paro a orientarme me noto mucho mejor a nivel energético. La tortilla ha obrado el milagro. Bajo por el casco antiguo hasta el muelle. Selfie de la vista típica de la iglesia de Santa María de la Asunción y el castillo y continúo. Aquí me cruzo con varios grupos de ciclistas. No parecen peregrinos (no llevan bolsas). Me toca la última gran cuesta del día.
Desde Castro hasta Bilbao
Mucha gente vive en Castro Urdiales y trabaja en Bilbao, me digo para motivarme. Es totalmente asumible. Tiene que ser poco ya. Comienzo la subida y unas cabras me asustan un poco haciendo ruidos entre la vegetación próxima a la carretera. Cómo no, bajada a Mioño, cruzar un río y subida para no romper el patrón. Esta subida empieza bastante asequible, con vistas a un antiguo cargadero similar al de Ribadeo. Tras un tramo largo llego a una herradura y se ve que la pendiente sube. No paran de bajar coches y algunos aprovechan para pasar la curva haciendo chirriar los neumáticos. Cuando vas en bici esas actitudes, al menos a mi, me ponen nervioso, así que intento apretar. Paso por debajo de la Autovía del Cantábrico otra vez, la pendiente pasa del 10%, me cuesta pero me siento mucho mejor que en Islares, me he ido recuperando.
Nada más coronar la rasa costera otra vez para abajo, también con gran pendiente, es el letimotiv del Camino del Norte. Una forma de meditar, una tortura china, depende de cada uno y de cada momento… Aquí veo la Autovía claramente y hay una larguísima caravana en dirección oeste. Viernes por la tarde, la gente se va de fin de semana, que dan bueno. Hay varios accidentes, alcances y por suerte sin consecuencias personales. Estoy un poco tenso, pero más por prevención. También porque la bajada es empinada y requiere tener cuidado.
Nada más salir del pueblo un desvío vuelve a pasar bajo la autovía y me saca a la costa misma. Este tramo lo he visto en un vídeo de un cicloturista que hizo algo parecido a lo mío. Sé que sigue una antigua vía de tren por lo que es llano. Y muy bonito por la costa. Además hace rato que no da el sol y hay varias fuentes. Me hago incluso alguna foto. La vida es bella.
El camino termina abruptamente en unas escaleras donde tengo que bajar la bici a pulso por su estrechez. Tengo que hacerlo por tramos ya que es bastante duro. Salgo al final a la playa de La Arena que tantas veces he visto al pasar por la autovía. En algún momento del último rato he pasado al País Vasco: es la primera vez que ando en bici por una comunidad que no es ni en la que resido ni limítrofe con ella.
Cruzo la ría por la pasarela y, como vivimos en país de contrastes y muy diverso me encuentro con que, si miro al lado derecho hay mujeres con largos trajes que sólo dejan ver sus caras mientras que si miro a la izquierda las hay que sólo visten un tanga. Y por el medio todo el espectro habitual. Al final de la pasarela pensaba que iba a tener que empujar la bici pero hay un camino de madera muy bien mantenido que me permite salir de la playa (despacio y sin molestar a los peatones) sin bajarme de la bici. Cuando acaban los aparcamientos me aparto en el último y miro dónde se toma la vía ciclista que me llevará a Bilbao alejado del tráfico. También la conozco del vídeo.
Enseguida identifico la entrada y sigo por ella encontrándome muchísimos ciclistas, patinadores, caminantes… Poder entrar así en una de las zonas urbanas más densamente pobladas de España es un lujo. Mis dieses para quien decidiese hacerla y qué bien ejecutada y mantenida está, sin grandes pendientes. Tras un tramo inicial más bucólico se va volviendo más urbana hasta que a la altura de Portugalete cruza por encima de la autovía. Un chico en bici de montaña se pica conmigo y me da la risa. No porque piense que yo ando más que él, sino porque con la paliza que llevo me resulta divertido que alguien encuentre satisfacción en ganarme.
En la entrada de Barakaldo el carril bici acaba abruptamente en una subida. Intento evitarla y acabo dando un rodeo considerable por las calles. El track que traigo va en sentido opuesto (hacia Santiago) y la mayor parte de calles son de una sola dirección. Abro la aplicación de mapas de mi móvil y pongo como destino el hostel. Termino el rodeo (no me queda otra) y salgo a la ría (¡por fin!). Mi plan es coger un carril bici, pero unas obras lo mantienen cerrado. Salgo a la Avenida de los Altos Hornos de Vizcaya y remonto el cauce hasta Lutxana. Después de tantos kilómetros se me hace raro andar por un sitio tan urbano y tan grande. Por fortuna no hay mucho tráfico, aunque me preocupa que la luz empieza a escasear y los coches circulan ya con las luces puestas. En Lutxana comienza otro carril bici que me sigue llevando paralelo a la ría.
En un punto doy una curva, levanto la vista y ahí está San Mamés, la catedral del fútbol. Nunca me había alegrado tanto de ver un estadio de fútbol. Sé que el hostel está cerca. Remonto una cuesta para alcanzar el puente Euskalduna y me sorprende lo bien que responden las piernas todavía. Paso al lado de la gabarra del Athletic. El tráfico en el puente es denso, pero no me cuesta concentrarme o pedalear más fuerte para integrarme en él.
Cruzo el puente sobre el Nervión, me encuentro el primer semáforo cerrado. Espero con impaciencia, ya huele a meta y tengo muchas ganas de descansar un poco. Sigo unos cientos de metros y alcanzo el hostel. Estoy muy contento con el rendimiento del día. De los dos días, mejor dicho. Qué bien ha respondido el cuerpo gracias a los entrenamientos y qué pasada de actividad. He venido en dos tiradas desde cerca de mi casa a Bilbao. Con mi propia fuerza. Cuando me dio la crisis la resolví rápidamente. Y aunque físicamente me siento cansado me siento razonablemente bien.
Bilbao
Me urge resolver las cuestiones prácticas, como el acceso al hostel, el acceso a la habitación, la ducha y otros detalles. Enseguida salgo a comprar la cena. Hay un supermercado cerca así que no me complico. Esta vez compro cena y desayuno, ya que el hostel no ofrece ese servicio y por la mañana quiero salir de Bilbao lo más rápidamente posible. Si todo va bien dos días después volvería para visitarlo con la familia así que qué sentido tiene detenerse.
Para cenar compro:
- Espaguetis carbonara
- Postre lácteo (tarta de queso)
- Donuts de chocolate
Para el desayuno:
- Batido de chocolate (inicialmente lo compré como recuperador post-etapa pero era tan tarde que preferí cenar directamente)
- Napolitana de chocolate
- Otro postre de tarta de queso (se vendían en parejas)
Vuelvo al hostel, limpio la transmisión de la bici y la engraso para el día siguiente. Ceno. Intento ir a la habitación a dormir, pero hace un calor insoportable pese a tener 3 ventiladores funcionando a todo gas. Decido salir a dar una vuelta, al lado del río está algo más fresco. Ya me habían advertido en Comillas que Bilbao era un horno. Aprovecho para estudiar un poco los primeros metros de la salida de Bilbao para no tener que ocuparme por la mañana. Básicamente es un carril bici por la orilla de Deusto hasta una rotonda y ahí empezar a subir hacia el monte Avril.
Hablo un poco con la familia mientras me entretengo con la iluminación nocturna de San Mamés y a eso de las 12 me vuelvo al hostel y me echo a dormir.
Conclusiones tras la etapa
Una etapa muy larga deja muchas sensaciones e ideas:
- Ha sido un recorrido brutal y lo he ido gestionando bien. Viniendo del día anterior no estaba especialmente cansado, no me quemé por el sol, reaccioné a tiempo ante la crisis energética, improvisé atajos sobre la marcha que salieron bien, en ningún momento sentí que estuviese comprometiendo la seguridad por el cansancio… Me sentía genial con lo conseguido y todavía faltaba otro día.
- Las zonas densamente pobladas reducen la velocidad: tráfico, semáforos, zonas peatonales… El Camino del Norte atraviesa muchas poblaciones de bastante entidad y esto alarga el tiempo planificado.
- Los barcos reducen la velocidad: no sólo son lentos sino que requieren esperas.
- Nuevamente la nutrición postetapa es escasa, aunque no me doy cuenta hasta analizarlo días después.
- La nutrición durante el recorrido fue bien, aunque debería tener la parada para comer algo planificada en lugar de improvisarla (no me refiero al momento o al sitio, sino al hecho de parar, no es lo mismo el primer día que la mitad es terreno conocido que el segundo que ya es zona novedosa y cansancio acumulado).
- No se puede infravalorar la dureza de los constantes cambios de pendiente. Físicamente es fácil de gestionar, básicamente consiste en subir un poco más lento de lo que subirías en una salida normal, pero psicológicamente, pasar 10 ó 15 minutos subiendo para perder esa altura en 5 y volver a empezar una y otra vez se hace duro.
👉 Mi tercera etapa por el Camino del Norte en modo bikepacking.



