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Por el Camino del Norte en bici de carretera en modo bikepacking - Etapa 3 - de Bilbao a Guernica

Pedaleando hacia Irún y la frontera con Francia

Pedaleando hacia Irún y la frontera con Francia

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👉 Mi segunda etapa por el Camino del Norte en modo bikepacking.

Etapa 3 del Camino del Norte en bici: Bilbao → Guernica

La noche fue… peculiar, como la gente que había en la habitación. Hubo una chica que llegó con sigilo felino y no despertó a nadie pero un peregrino se fue a las 3:49h de la mañana y aunque intentó no hacer ruido me despertó igualmente. A partir de ahí ya solo dormité.

Hacia las 7:30 me levanté con el máximo sigilo posible y recogí todo lo que tenía en la taquilla. Lo tenía de tal manera que hice el menor número posible de viajes a la entrada, pero las bolsas de bikepacking tienen un volumen muy limitado y no pude evitar varios paseos.

Desayuné:

  • Batido de chocolate que había comprado como recuperador del día anterior
  • Caña de chocolate
  • Postre de tarta de queso

Enseguida me cambié y organicé la bolsa de sillín para embutir ahí mi equipaje. Dejé la llave en el buzón del hostel y hacia las 8:30 (un pelín más tarde de lo que hubiera querido) salí por el carril bici Nervión arriba por donde había estudiado la noche anterior.

Salida de Bilbao

La calle estaba tomada por deportistas, sobre todo runners y bastantes ciclistas. Una tendencia que veo últimamente es que hay muy poco ciclista de montaña y los pocos que veo usan bici eléctrica. Sabía que Bilbao y el País Vasco en general eran muy deportistas, pero no me esperaba tanto tan temprano. Después me enteré que el Athletic jugaba a las 16:00 ese día en casa, así que supongo que al ser sábado y haber ambiente en la ciudad todo el mundo intentaba dejarse la tarde libre.

Es extraño pedalear tan lejos de casa, llegando con tu propio esfuerzo y en un sitio tan turístico y conocido. Al pasar junto Guggenheim paro a hacer una foto rápida, hace 25 años que no pasaba por aquí y aunque sé que en unas horas estaré de visita, parece imperdonable pasar un hito así sin dedicarle un minuto.

Sigo por la orilla de Deusto y en una gran rotonda veo un percance entre un ciclista y una conductora. Se increpan a voces. Yo no he visto al ciclista hacer nada raro, de hecho señalizó su maniobra con antelación, pero aunque sea sábado las ciudades tienden a sacar lo peor de las personas (¿o hay estadísticamente más imbécil al volante?). Sigo con un poco de susto por el percance, empieza la subida, bastante pendiente como esperaba de hoy. Bueno, quizás algo más.

Subiendo hacia la basílica de Begoña enseguida encuentro unas obras que me impiden pasar. No me complico, me bajo de la bici y subo por la acera andando. Cuando termina el tramo en obras me monto otra vez. Subo paralelo a barrios edificados en terrazas, paso sobre la circunvalación este de Bilbao por un curioso puente y tengo que meter todo el desarrollo e incluso bajarme porque aparecen rampas por encima del 20%. Por fortuna son solo unos metros hasta que baja la pendiente.

Enseguida paso por una especie de área recreativa con mesas para comer, muy boscosa. La pendiente sigue siendo ascendente, pero al menos poco empinada. Tras un largo tramo corono y empiezo a bajar. Al llegar al parking/área recreativa de El Vivero veo una carretera que sale con dirección norte y tras consultar el mapa decido atajar y bajar por ahí a Lezama, localidad que me suena por ser la sede de la cantera del Athletic. La bajada es bastante empinada, pero se puede negociar bien. Me voy cruzando con bastantes grupetas. En Lezama veo una fuente en un parque infantil y no dejo pasar la ocasión de repostar.

Camino a Guernika

En el siguiente tramo hasta Larrabetzu me cruzo unos cuantos peregrinos a pie. Más de los que me esperaba para la época del año en que estamos (septiembre) y con lo lejos que queda Santiago. Aquí comienza el puerto de Aretxabalagana. Y comienzan las sensaciones que vine a buscar: el cansancio acumulado, el peso extra de bolsas, la nutrición justa entre etapas (esto fue sin querer), la falta de sueño (¡esta sí que fue sin querer!)… No estoy reventado físicamente, simplemente no puedo subir rápido. Me van pasando varios ciclistas pero no puedo ni mantenerlos cerca. Me lo tomo con filosofía, aún falta muchísimo y hay que guardar fuerzas. Los amigos peregrinos de Bilbao que conocí en Comillas me advirtieron que el recorrido era duro (además de largo).

Hoy no ha amanecido muy soleado, pero tras una buena sudada corono. Bajo con bastante frío por no sacar el cortavientos de la bolsa, pero para una bajada que preveo corta pienso que no merece la pena. En un pueblo llamado Andra Mari paso unos badenes altísimos con cuidado. Es el típico sitio donde puedes caerte por la fatiga acumulada.

En el final de la bajada atravieso Muxika, donde muchísimos ciclistas están emprendiendo la subida en dirección opuesta. Desemboco en un cruce delicado y tomo la BI-635 en dirección norte. Aquí me puedo acoplar un poco y rodar bastante rápido. Enseguida llego a Gernika, me hago una foto con el cartel de la entrada y voy atravesando el largo pueblo poco a poco, lidiando con el tráfico. Cuando se está acabando, al lado de un mercado veo una fuente y me bajo a repostar agua una vez más. Ahora ya pega fuerte el sol y toca subida.

Justo cuando voy a retomar la ruta, recibo una llamada de la familia. Hemos quedado en que, para facilitarme un poco la vida y como les supone poco desvío, nos encontraremos en la zona de Ondarroa y les dejaré el equipaje para hacer ligero el resto de la ruta, así que deduzco que no deben andar ya lejos, pero nada más lejos de la realidad.

Se tuerce el viaje y resolución

  • Oye, se acaba de encender un piloto del coche y el motor no tiene potencia. ¿Qué hago?
  • Hum, no sé, déjame que lo mire en internet y te llamo de vuelta.

No sabía qué podía ser, pero sospechaba de la válvula EGR que ya se nos estropeó otra vez de manera similar. Tras consultar online veo que lo más probable es que sea la válvula o los inyectores, es decir, avería seria. Toca llamar a la grúa.

  • Buenas otra vez, vais a tener que llamar a la grúa, parece avería importante.
  • Sí, yo estoy viendo lo mismo - me contestan.

Mentalmente pasé en unos pocos minutos de modo “a ver cómo gestiono el llegar a Irún” a modo “a ver cómo llego a casa si no me pueden buscar”. No fue algo dramático ni sufrí por dejar de lado el objetivo. He visto una estación de tren mientras recorría el pueblo y está lo suficientemente cerca de Bilbao como para pensar que están conectados. Lo busco en internet y así es.

Mientras tanto, la familia ha podido llamar al seguro y gestionar la grúa. Les envían un taxi que los acerca al aeropuerto, donde les van a alquilar un coche. Todo este proceso me lo van contando y hago cábalas, si el coche fuera grande podría meter la bici y volver con ellos, pero nuevamente pienso: con lo nerviosos que están, no les voy a hacer ir a Irún. Sería muy egoísta por mi parte.

Decido volver a Bilbao en tren, así que doy la vuelta y llego a la estación. Compro el billete y un empleado me indica amablemente (supongo por el tono de voz) en euskera cómo tengo que hacer para pasarlo (pensaba que era con lector óptico pero era magnético). “Lo siento, soy asturiano, no te entiendo” le digo y enseguida me viene a ayudar. Me siento en el andén y me pongo a estudiar cómo volver a casa sin depender de ayuda externa. El mejor transporte es el autobús, pero no hay billetes hasta la 1:45h de la mañana… ¡Tendré que volver durmiendo!

Mi idea es ir a la estación de buses, comprar el billete y, si lo venden, la funda necesaria para meter la bici. Entonces buscar un polideportivo donde me dejen ducharme. Comer. Pasar el rato y montarme en el bus para volver.

Paralelamente, mi familia ha alquilado el coche. Finalmente ha sido un Mitsubishi Grandis L (tipo SUV). Veo que es probable que la bici quepa en el maletero si le quito las ruedas y la diferencia es bastante grande de cara a volver. De hecho podríamos hasta aprovechar la noche de hotel que ya tenemos pagada en Mundaka. Vamos coordinando la jugada y quedamos en Abanto y Ciérvana, que a ellos les va bien según vienen de Santander y yo puedo subir por el carril bici hasta allí. Primero me meto en el metro y voy hasta Peñota, justo antes de Santurce. Cómo no rampas duras, pero enseguida llego otra vez al carril bici de ayer y subo hasta donde la localización me indica que están esperándome. No es la reunión que esperábamos, pero estamos todos bien, que es lo que importa.

Con el sol apretando a más no poder, voy desmontando la bici y metiéndola con cuidado en el maletero. Hace tanto calor que la sudada que pillo es peor que por la mañana sobre la bici. Finalmente tengo que sacar otra vez la bici para poner las ruedas detrás. Todo protegido con bolsas para no manchar el coche. Por fin, cabe todo dentro del coche y salimos hacia Mundaka a pasar la tarde, conociendo su legendaria ola.

Conclusiones tras la etapa

Nuevamente hay varias cosas que saco en claro del día de hoy:

  • La acumulación de falta de nutrición, falta de sueño y esfuerzo es brutal. Si quiero volver a hacer algo parecido necesito mejorar las recuperaciones a nivel nutricional. Seguramente es donde tengo mayor margen de mejora ya que el sueño depende de factores que no puedo controlar y el esfuerzo es lo que he venido a buscar. Ya lo hice mejor este año que el anterior gracias a lo mucho más humanizado que está el Camino del Norte con respecto al Primitivo, pero tengo que ir un paso más allá.

  • Podría haber tenido más estudiado los escapes en tren y haber llegado por ejemplo hasta Deba, desde donde también hay tren hasta Bilbao. Incluso más allá y siempre sin depender de coche de recogida.

  • Y por último, es la primera vez que me planteo un objetivo relativamente grande (para mi nivel) y no lo consigo. Y no pasa nada. Mientras conserves la salud siempre hay posibilidad de volver a intentarlo. Y más si es sólo por un tema logístico. Cuando hablé con los peregrinos bilbaínos en Comillas me dijeron que la etapa era muy dura y yo les dije que prefería prepararme e intentar algo difícil y no conseguirlo mejor que hacer siempre lo mismo. Sí que me da un poco de penilla haber abandonado por algo así, pero lo dicho, habrá otras oportunidades y otros viajes. También me hubiera gustado seguir al menos un rato más porque a nivel de gestión de esfuerzo se empezaba a poner muy interesante.

Conclusiones al Camino del Norte

El año pasado cuando hice el Primitivo ya lo dije: no quería repetir alrededores de Santiago haciendo las zonas masificadas de otros Caminos. Veía mucho blanco en mi mapa hacia el este. Y eso fue lo que hice. Y estoy contento con la decisión, hacerme un tramo tan largo de la cornisa cantábrica y conocer sitios por los que sólo había pasado cerca por autopista fue muy chulo. Y no sé si el año que viene volveré a viajar en bici, pero si es así creo que toca mirar al sur. ¡Lo importante es la variedad! Pero si tuviese que decir, igual toca descansar un poco de la concha de vieira y buscar otras ideas.

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